El topónimo
de los cameranos viene de la Tierra de
Cameros, que es una comarca
situada entre las provincias de Logroño y Soria, cuya historia estuvo marcada
por la actividad ganadera y el pastoreo transhumante.
Durante la Edad
Media, en este territorio de frontera con los reinos musulmanes, los reyes
recompensaron a sus nobles con tierras y señoríos, que permitieron a estos
fundar sus fortunas en la crianza y comercio de la lana fina. Agrupados en la
Mesta, estos ganaderos cameranos, que eran en su mayor parte nobles, alcanzaron
algunas de las rentas más elevadas de la Europa de su tiempo.
Entre los siglos XVI al XX alrededor de mil
cameranos salieron de Villoslada con rumbos diferentes, debido al hundimiento
de la transhumancia. Muchos de ellos
llegaron a Extremadura, donde realizan
operaciones comerciales principalmente de lana.
Amparados en su
riqueza y en su condición de nobles, no tardaron en controlar el comercio y los
gobiernos municipales de muchas de las ciudades a las que llegaron.
En el Siglo
XVIII, muchos de estos cameranos se establecieron en Almendralejo y Zafra
(donde se les recuerda en la “Avenida de los Cameranos), de este modo la
población de Zafra, recibió un impulso demográfico y económico por la
emigración de los Cameranos.
En el año 1729
dos caballeros riojanos que comerciaban en Zafra deciden
mandar fabricar una imagen parecida a la de Nuestra Señora de Valvanera que era
venerada por ellos en la Tierra de Cameros y levantar en el templo de la Virgen
de la Candelaria en Zafra, un valioso trono a su patrona.
En el año 1749, los Cameranos de la Villa, reunieron
la suma necesaria para mandar a hacer el retablo de la Virgen de Valvanera al
escultor José de Churriguera.
En este retablo destaca el movimiento y la
vitalidad creadora y recargada del último Barroco español.
Este retablo presidido por la advocación de la
virgen de Valvanera es el legado más importante que dejaron los Cameranos en
Zafra.
Retablo de la Virgen de Valvanera, Zafra.
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