Mi padre me llevó en
coche hasta el cementerio de Zafra para
encontrar la bujarda. Como él sabía más o menos donde se encontraba no nos
costó mucho trabajo encontrarla pero tuvimos que saltar una pared porque la
bujarda estaba dentro de una finca
privada al oeste del cementerio. Cuando llegamos pensé que era más grande de lo
que yo creía y mi padre y yo nos metimos dentro. Empezamos a observar de qué
materiales estaba construida y nos dimos cuenta que era de piedra y barro y tenía
una chimenea. La bujarda tenía forma circular y por dentro tenía una ventana
cerrada por unos barrotes y una pequeña alacena. Frente a la puerta se veían
dos muros de piedra y ladrillo que creíamos que era donde se encendía el fuego
y también había un agujero por donde salía el humo. Por fuera la bujarda estaba
bastante deteriorada porque gran parte del enlucido se había caído y al techo
le faltaba la tierra que cubría la bóveda. Cuando tomamos todas las medidas de
la bujarda nos marchamos y me quede pensando que no se encontraba en buen
estado de conservación y se tendría que proteger porque no hubiese costado mucho
mantener el enlucido exterior y la cubierta de la bóveda. Creo que estas construcciones populares
forman parte de nuestro patrimonio cultural y se deberían tomar medidas para su
correcta conservación.
Bujarda en Zafra
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